Reflexión sobre las Series de Campeonato. Rays, Astros, Dodgers y Braves homenajean al béisbol.

Rays, Astros, Dodgers y Braves han protagonizado unas eliminatorias repletas de drama y angustia a partes iguales.

series de campeonato

Las Series de Campeonato de las Mayores no han decepcionado durante su desarrollo. Ni por el alto nivel de los cuatro participantes que buscaban el billete para disputar las World Series ni por una ansiedad que ha marcado esta maratoniana semana en la que ambas eliminatorias han apurado todas las opciones tal y como se esperaba por la calidad de los cuatro participantes.

Tampa Bay Rays vs Houston Astros

Lo que prometía ser una serie tremendamente atractiva por lo dispar de la concepción de ambos equipos y el trayecto recorrido hasta llegar a ese punto ha estado en un tris de convertirse en un clásico imperecedero… y con el villano como vencedor. Y es que ya sabemos que los chicos malos suelen despertar un mayor interés que el héroe anodino que rescata a la princesa o algo así.

Los Houston Astros, el Enemigo Público Número 1, ese monstruo que resucita una y otra vez de la tumba, ha estado muy cerca de igualar la gesta de los Boston Red Sox en 2004 al levantar una eliminatoria en la que iban perdiendo por 3-0 hasta forzar un séptimo encuentro y en cuyo camino nos hemos encontrado con un Carlos Correa imperial que ha demostrado liderazgo en el plate con su .362 de promedio más 6 home runs. También ha sido un líder sobre el campo, siendo capaz de recuperar el swagger de los texanos. José Altuve nos ha desconcertado con sus episodios de yips, pero no hay que olvidarse de sus 5 cuadrangulares y robusto .375 de media. Framber Valdez ha sido una agradable sorpresa, y se perfila como el número uno de una rotación de los Astros que huelen a potencial cambio de ciclo con todos esos baluartes como Springer, Brantley o Reddick, que querían un Último Baile tras haber accedido a la postemporada por la puerta de atrás y después de haberse deshecho de Twins y Athletics cuando todos les daban por perdedores. Es cierto que la redención por sus pecados previos no llegado por circunstancias obvias, pero merecen nuestro respeto por una perseverancia descomunal que les ha llevado a las puertas de su tercera presencia en cuatro años en el Clásico del Otoño… para terminar quedándose con la miel en los labios.


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Porque justo delante tenían al equipo más creativo en las Mayores, uno que es capaz de compensar su aparente debilidad en la ofensiva en las rondas disputadas contra Yankees y Astros con una ‘home run dependencia’ de la que no siempre se terminan logrando buenos resultados y que se ha sobrepuesto a una rotación que no le ha dado en ningún momento seis entradas (y ni falta que les hace) porque justo después venían los caballos del Establo. El Establo, esa entidad mitológica que Kevin Cash ha usado con enorme sabiduría en formas y momentos totalmente impredecibles a lo largo de los últimos siete días para ir logrando out tras out mientras realizaban un ejercicio de escapismo que ni el mismísimo Houdini sería capaz de igualar. Aunque en realidad habría que incluir a ambos equipos, porque la carrera que les ponía por delante estuvo en el plate en seis de los siete partidos en la novena entrada ,así que no nos faltó la dosis de drama hasta el mismísimo final.

Posiblemente ningún bateador ha conseguido impresionarnos más en esta postemporada que el cubano Randy Arozarena, que no sólo es un experto bailarín, sino que ha alcanzado el estatus de leyenda en playoffs tras los siete home runs que le han convertido en el primer rookie como jugador de posición de la historia en ser MVP en unas de las rondas disputadas en octubre, y cuya contribución más famosa hace un año fue filtrar la arenga llena de tacos de Mike Shildt dio tras la eliminación de los Braves a manos de su anterior equipo, los Cardinals… Se ha convertido en en figura de culto.

Seguramente todos habíamos previsto hace un mes que el hombre clave para los Rays iba a ser Arozarena… o Mike Zunino… o Manuel Margot, cuando en ese roster figuran talentos extraordinarios como los de Austin Meadows o Brandon Lowe. Ahí es donde entra la magia de ese deporte llamado béisbol, aunque siempre podemos contar con Charlie Morton a la hora de imponerse en un partido a vida o muerte en playoffs. De hecho, no hay nadie mejor en la historia.

Los Ángeles Dodgers vs Atlanta Braves

No escasa de drama estuvo también la otra serie entre Dodgers y Braves, tanto por el soberbio nivel desplegado por ambas franquicias como por la propia dinámica de la eliminatoria, que también tuvo que ir hasta el límite para determinar quién representaría al circuito sénior en el Clásico del Otoño.

Para derrotar a un excelso conjunto como el angelino, Atlanta Braves tenía que alcanzar la perfección o aspirar a rozarla cuanto menos y eso a pesar de que poseía argumentos más que válidos para desequilibrar la balanza a su favor. Lo que nadie podría anticipar es que el tridente compuesto por pitchers rookies o de muy escasa experiencia en la MLB, como son Max Fried, Ian Anderson y Bryse Wilson, les situaría 3-1 en la serie y acariciando con la yema de los dedos una participación en la final que no se producía desde 1999.

Sin embargo, la inquebrantable voluntad de los Dodgers, personificada en un Walker Buehler que sacó su mejor versión cuando era más necesario, junto a un Corey Seager de récord con sus 5 bambinazos,  iba a demostrar porqué este conjunto ha sido el mejor de todo el 2020 y con unas ganas de guerra en todos los frentes, incluyendo los pequeños (grandes) detalles que siempre deja Mookie Betts, cuyo impacto en la serie quizás no se ha visto en el cajón ni corriendo por las bases, pero cuyas tres capturas, todas ellas en otros tantos partidos, han sido determinantes para convertirse en los respectivos puntos de inflexión de la reacción angelina o evitar que los Braves se fueran más en el marcador o sentasen los mimbres para una potencial remontada.

(Memo para los bateadores de los Rays: evitad en la medida posible batear hacia el right field y si es así, mejor que sea a partir de la quinta fila de la grada).

Como suele ocurrir en conjuntos tan parejos, son los pequeños detalles los que terminan desequilibrando la balanza y se pueden manifestar de formas distintas, como la incapacidad de los Braves a la hora de batear con corredores en posición de anotar a partir del cuarto encuentro a pesar de su indudable capacidad mostrada a lo largo del año como los errores corriendo por las bases, que es una de las disciplinas más complicadas de dominar de este bello deporte y que supusieron regalar outs a los californianos en momentos puntuales, esto es, la fórmula para el desastre de cara al desenlace.

En un séptimo encuentro, absolutamente de locura, y en una lucha de poder a poder, el toma y daca entre Dodgers y Braves se iba a producir hasta las entradas centrales, en las que un actor secundario como Kike Hernández conseguiría igualar la contienda como anticipo a lo que haría Bellinger de la forma más contundente en su siguiente comparecencia al plate, para dar paso a un muchacho de 24 años procedente de Culiacán cuyo relevo pasa a formar parte de la historia de los playoffs.

Porque todos sabíamos que Julio Urías iba a ser el que llevase a Los Ángeles Dodgers hasta la gran final, ¿verdad?

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