NL Comodín 2: Marlins vs Cubs

Empiezan los playoffs!! Aquí os dejamos una previa del Comodín de la Liga Nacional entre Reds y Braves.

NL Comodín 2: Marlins vs Cubs

Tanto el texto de los Marlins como el de los Cubs que vas a leer a continuación han sido publicados en nuestra guía para los playoffs. Puedes descargarla AQUÍ.



MIAMI MARLINS by Álex Carande

Cada vez que la franquicia de Miami juega los playoffs los gana. Este año no va a pasar, ni siquiera pienso que en una temporada normal lo hubieran conseguido. Pero no hay que restarle ningún mérito a un equipo que vio su temporada suspendida por el COVID y ha sabido adaptarse, excediendo las expectativas y colándose en la postemporada cuando todo el mundo esperaba su pinchazo tarde o temprano.

La verdad que no han sido un buen equipo a la ofensiva, su wRC+ de 94 habla bien claro. Tampoco han generado mucho WAR por el lado del pitcheo, pero su rotación, joven y con mucho futuro, ha sostenido a un equipo que ha ido encontrando formas de ganar comandados por el Manager del año en la Liga Nacional, Don Manttingly.

Cómo no te puedes alegrar por “Donnie Baseball”, un magnífico jugador al que el béisbol de octubre se le negó como capitán de los Yankees y que como manager de los Marlins ha tenido que navegar por una “profunda reconstrucción”. Stop, lo vamos a llamar por su nombre, un asqueroso tanking basado en un CBT que incentiva a muchos equipos a no gastar y poner novenas indignas en el campo.

Ser el dirigente de ese equipo no ha tenido que ser fácil. No pongo en cuestión a ningún jugador ni su profesionalidad, pero si a las gerencias que hacen tanking en una temporada de 162 partidos. Están robando el béisbol a los espectadores y el marco que lo provoca, el actual convenio, ha hecho mucho daño al béisbol para el aficionado, que no al negocio, que ha sido más lucrativo que nunca.

Una vez explicadas las circunstancias vamos a analizar el equipo.

La rotación es buena, muy buena si pensamos en el futuro porque tiene mucho potencial. Pablo López, Sandy Alcantara y Sixto Sánchez son tres jóvenes sobradamente preparados para oponer a cualquier equipo en la wildcard y con la aspiración legítima de competir. Y lo hacen a golpe de sinker, lo cual no es tendencia, pero pronto puede marcar un nuevo esquema en el pitcher development.

El trabajo de la organización capitaneada por Derek Jeter en cuanto a desarrollo de lanzadores ha sido excepcional. Traspasar a Zack Gallen no fue la mejor de las ideas, pero aun así no se han resentido en absoluto y tienen piezas en la Menores para continuar nutriendo el montículo o aprovechando la profundidad para reforzar el roster en otras áreas.

El bullpen ha funcionado a base de jugadores que no han encajado en otras organizaciones y que han encontrado acomodo en Miami. Mención especial merece Yimi García, que podría asumir las situaciones de más presión con un rendimiento excepcional. 

Boxberger y Kintzler han tirado de oficio para sacar adelante el trabajo, pero presentan perimetrales preocupantes que auguran problemas. Hoyt y Bleier son piezas interesantes que pueden ayudar a los Marlins a cerrar partidos en postemporada, una de las asignaturas más difíciles de aprobar en octubre.

No sé si capitanear es la palabra, pero Miguel Rojas ha capitaneado al equipo dentro y fuera del ballpark. A su gran defensa se ha unido su desarrollo como bateador que le sitúa como uno de los mejores campos cortos de la Nacional y como el líder de un equipo que afronta una experiencia que les va ayudar a crecer.

Brian Anderson es otro de los que está reclamando un sitio entre los mejores en la esquina caliente. Igual es mucho decir, pero ha estado muy sólido, al igual que Garret Cooper.

El equipo es mejor en términos de calidad por el lado de los lanzadores. Necesitan que Jorge Alfaro, la otra pieza del traspaso de Realmuto, no sólo sea un buen catcher a la defensiva, sino que “se desarrolle suficientemente” como bateador. Sería importante que Jazz Chisholm desbloquee su potencial de estrella, pero de momento le limita su pitch recognition. Lo mismo podemos decir de Monte Harrison y Lewis Brinson. Todo lo bien que los Marlins han desarrollado lanzadores, les está costando hacerlo con los jugadores de posición, y es algo que a largo plazo haría más estable la ecuación.

Pero la ofensiva, en buena parte, se apoya en jornaleros del bate. En Jesús Aguilar, en el rejuvenecido Starlin Marte, que parece el gran jugador que había dejado de ser antes de llegar a Miami, en Corey Dickerson o en Jon Berti. Piezas de un puzzle que ha encajado con pelota pequeña, béisbol situacional y sobre todo con el convencimiento de que pelear para entrar en playoff merecía la pena, aún en esta temporada tan extraña.

Todos sabemos que las historias de película se construyen en narrativas excepcionales. Los Marlins han pasado de equipo antipático embarcado en un proceso de reconstrucción a través del tanking a una de las historias de la temporada, metiéndose en playoff por delante de equipos con mucho más talento. Liderados por un Manttingly que se va a llevar todos los honores en un equipo de anónimos pero que puede dar mucha guerra en el futuro si es capaz de crecer alrededor de su rotación. La experiencia de este año es un gran punto de partida.

 



CHICAGO CUBS by Pepe Latorre

En la quinta entrada del séptimo partido de las Series Mundiales del 2016 los Cubs ganaban 4-1 a los Indians. En el dugout, Antony Rizzo, que por entonces contaba con 26 años, se acercó a todo un veterano como David Ross, 39 años y ganador del anillo dos años antes con los Medias Rojas. “Rossy”, le dijo Rizzo, “soy un manojo de nervios”. La respuesta de Ross dejaba presagiar que teníamos ante nosotros a alguien que contaba con todo lo necesario para convertirse en manager: “Solo va a ir a peor. Intenta respirar profundamente. Y ya verás en la novena entrada…”.

Cuatro años después David Ross es, efectivamente, el manager de los Chicago Cubs. Y después de un 2017 marcado por la resaca de las Series Mundiales, un 2018 en el que perdieron en el partido de comodín y un 2019 en el que se quedaron fuera de los playoffs después de disputar el juego 163 de la temporada, vuelven a hacerse con la división Central de la Liga Nacional con cierta holgura.

El secreto de los Cubbies no está en el campo. Su mayor fortaleza está en el vestuario. Y es que en este 2020 sin público ningún banquillo ha hecho tanto ruido como el de los Cachorros. Ross ha sabido reconstruir el sentimiento de hermandad que imperó en la época de Joe Maddon y que se vio algo mermado la campaña pasada. Al mismo tiempo ha sabido imponer su criterio como entrenador y no ha caído en ningún favoritismo heredado de su etapa como jugador.

La temporada de debut de Ross en el banquillo de Chicago no ha sido fácil, pero ha manejado casi todo con brillantez. Al igual que el resto de la liga, los Cubs se han tenido que enfrentar a la amenaza del COVID-19, lo han hecho mejor que nadie. Son el único equipo que no ha registrado ni un solo positivo. Los protocolos establecidos por la gerencia, ejecutados por el propio Ross y cumplidos a rajatabla por los jugadores han resultado ser un éxito. Un motivo de orgullo para la organización.

En cambio, y a pesar de la clasificación para los playoffs, el juego del equipo no ha sido, en líneas generales, algo de lo que estar orgulloso. Los bateadores han sido un auténtico desastre. La ofensiva de los Cubs ha estado entre las peores de toda la MLB durante la temporada regular (wRC+ <95) y podría ser la que menos asusta de entre todos los clasificados para los playoffs.

El pelotero antes conocido como Kris Bryant ha sido una sombra de lo que fue. Lo mismo se puede decir de Javier Báez. Dos All Stars con pedigrí de MVP (Bryant lo fue en 2016 mientras que Báez fue segundo en 2018) que en 2020 han estado entre los peores bateadores de la liga. En un año que parecía perfecto para su perfil (por el bateador designado universal), Kyle Schwarwer ha vuelto a decepcionar. Es incapaz de batear nada que no sean bolas rápidas y la insistencia en colocarlo en el jardín izquierdo (quizás, uno de los pocos errores de Ross) en vez de relegarlo casi exclusivamente al rol de bateador designado no le ayuda.

Anthony Rizzo ejemplifica como pocas cosas el 2020 de los Cubs. Su bate, al igual que el de la mayoría de sus compañeros, está muy frío. Su aportación ofensiva ha sido pobre y solo una disciplina férrea en el cajón le salvan del ridículo más absoluto. Sin embargo, su liderazgo es el auténtico motor de un equipo que ha puesto todas sus esperanzas en ese dicho que dice que el fútbol béisbol es un estado de ánimo.

Aún con esto Ross ha sabido aprovechar las pocas fortalezas de su equipo. Ha sido capaz de crecer desde la defensa, ha sacado lo mejor de una rotación que, a pesar de los nombres, generaba muchas dudas y ha sabido reinventar el bullpen después del colapso de su cerrador.

El cuerpo de abridores ha sido la gran fortaleza del equipo. Un grupo veterano y un tanto gris (exceptuando, por supuesto, a un aspirante al Cy Young como Yu Darvish) poco dado a los highlights pero tremendamente efectivo. Y es que la rotación de los Cachorros poncha poco y basa su éxito en el control y en dejar la bola en el suelo. Un contraste curioso con un bullpen en el que las eliminaciones vía strike out y una cantidad un tanto preocupante de bases por bolas son la norma.

Los Cubs, seamos sinceros, asustan poco de cara a los playoffs. Basta con decir que más allá de Darvish resulta difícil encontrar en la plantilla a otro pelotero por el que uno de los verdaderos contendientes estuviera dispuesto a traspasar. No parece que la travesía de los Cubs este octubre vaya a ser muy larga, pero podrían haber encontrado un manager para los próximos años.

 

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