Ninguna garantía en el pitcheo de los Medias Rojas

Tras un 2020 horroroso y una agencia libre en la que no parecen muy activos hay pocas razones para se optimista. Lo normal sería que el pitcheo de los Medias Rojas nos vuelva a hacer sufrir en 2021.

Nathan Eovaldi, Eduardo Rodriguez, Tanner Houck, Matt Andriese y Nick Pivetta son los cinco abridores que Fangraphs proyecta en la rotación de Boston de cara al Opening Day. ¿Te da miedo o mucho miedo? El bullpen no mejora el asunto. Un puñado de viejos conocidos de los últimos años que tampoco inspiran ninguna confianza. Matt Barnes parece el más fiable (y es una ruleta rusa) y Darwinson Hernández el único que ilusiona (y es otra ruleta rusa). De seguir así la cosa, el pitcheo de los Medias Rojas nos lo va hacer pasar muy mal a los aficionados.

Eovaldi y Rodriguez son, en el mejor de los casos, brazos para la parte media/alta de la rotación. El problema de ambos es que las lesiones han sido la tónica habitual en sus respectivas carreras. Eovaldi arrastra ya dos cirugías Tommy John y solo en una temporada (2014 con los Marlins) ha sido capaz de pasar de las 160 entradas. El año pasado estuvo bien. Recuperó el control que había perdido en 2019 y registró el mejor ratio de K/9 de su carrera (9.68). Todo esto le ayudo a poner un K/BB de 7.43, séptima mejor marca entre los lanzadores con 40 o más episodios lanzados. A cambio parece importante resaltar que perdió una milla y pico en su cutter, el lanzamiento que le dio una segunda juventud en 2018.  No obstante, conviene recordar que nada de lo sucedido en 2021 debe ser tomado demasiado en serio. Eovaldi es una opción sólida… como número tres de una rotación y teniéndolo entre algodones.

El caso de Rodriguez ha sido bien distinto. Después de un debut ilusionante en 2015 vimos como su carrera no terminaba de arrancar. Diferentes lesiones en las rodillas limitaron tanto su tiempo de juego como su desarrollo. Hasta que todo hizo click en 2019. Estuvo sano, confió más que nunca en su changeup y a pesar de seguir teniendo problemas de control fue capaz de minimizar el daño al inducir menos batazos elevados. El 2020 debía ser el año de su confirmación definitiva pero el COVID se cruzó en su camino. Las complicaciones derivadas del virus (una miocarditis) hicieron que Rodriguez se perdiera toda la temporada y que su recuperación fuera más dura de lo esperado.

En principio Rodriguez estará disponible para el Opening Day, pero parece difícil que pueda abrir 30 partidos después de un año entero con un tema de salud tan delicado. Algo muy similar se puede decir de Chris Sale. El zurdo se sometió a la Tommy John en marzo del 2020 y se le espera como agua de mayo. Se ha dicho que volverá a mediados del verano pero después de una cirugía reconstructiva tan complicada es difícil aventurar la fecha de su vuelta y su estado de forma una vez esta se produzca. Considerar a Sale y a Rodriguez como piezas fijas de la rotación de cara al 2021 me parece un error. Lo sensato sería construir un grupo de abridores sin tenerlos en cuenta y aprovechar el upgrade si su salud y estado de forma es el adecuado. Si se combinan para lanzar unas 150 entradas con una efectividad en torno al 3/3.50 será una gran noticia.

Dos Uno Siete

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Una de las pocas alegrías que nos llevamos los fanáticos de los Medias Rojas la campaña pasada fue el debut de Tanner Houck. El derecho abrió tres partidos a finales de septiembre en los que vimos como únicamente permitía una carrera mientras ponchaba bateadores rivales con una facilidad pasmosa (K/9 de 11.12). La combinación de sus dos rectas con un slider de movimiento horizontal endiablado fue demoledora. Pero los que saben de esto dicen que Houck no está listo para afrontar una temporada completa como abridor en las Mayores. Su control aún deja mucho que desear (BB/9 de 4.76) y está trabajando en desarrollar un cuatro lanzamiento. Puede ayudar llegado el momento, especialmente desde el bullpen, pero darle más protagonismo del necesario podría ser un error.

Ninguna garantía en el pitcheo de los Medias Rojas.

El slider de Tanner Houck.

Matt Andreisse es una de las incorporaciones de «relumbrón» que Chaim Bloom ha hecho este invierno. Ambos se conocen puesto que coincidieron en Tampa entre 2015 y 2017. Andreisse es un lanzador muy útil, pero poco excitante. Su mayor virtud es la versatilidad: un lunes te puede salir del bullpen y el jueves te puede abrir un partido. Todo ello con una recta de 90 millas que asusta más bien poco y una efectividad que si está levemente por encima de 4.00 será una buena noticia. Lo dicho, un lanzador que necesitas tener en roster pero que preocupa un poco (o un mucho!!) como número cuatro.

Otra de las apuestas arriesgadas de Bloom es Nick Pivetta. Llegó a Boston el año pasado tras un intercambio con Philadelphia y jugó más bien poco (10 entradas). La sensación es que un pitcher que tiene «algo» (el spin rate de su curva ha estado entre los mejores de las Mayores en los últimos años), pero al que nadie ha sabido guiar de la manera correcta. Seguramente su tiempo en una organización como los Phillies (aún un tanto chapada a la antigua) no ayudó. Es un experimento interesante, pero que tiene todas las papeletas para acabar mal. De hecho, podríamos considerarlo exitoso si Pivetta acaba siendo un relevista importante. Se hace prácticamente imposible imaginarlo como un abridor de garantías (incluso en la parte baja del lineup).

En el bullpen más de lo mismo. Pocos refuerzos (por no decir ninguno) y se continua con un grupo que quizás en 2020 lució peor de lo esperado por la exposición a la que le sometió una rotación muy pobre, pero que no da ninguna seguridad. Es cierto que es el área donde más han destacado los Rays. Quizás Bloom sea capaz de aplicar en Boston los conocimientos que aprendió en Tampa. Nunca me ha gustado fichar a relevistas que vienen de firmar un gran año. Los relevistas son muy volátiles y lo normal tras un buen año es cierta regresión. En ese sentido me gusta el enfoque de Bloom. Él y su equipo habrán visto algo aprovechable en Garret Whitlock, Autin Brice y otras incorporaciones de bajo perfil que han llegado a la organización.

Hasta ahora los refuerzos de Chaim Bloom han dejando muy fría a la fanaticada. Se han fichado peloteros, pero ninguno ilusiona. Es cierto que Bloom viene de Tampa, una franquicia que ha sido capaz de ver «cosas» que los demás no veían en muchos lanzadores. A eso nos aferramos en Boston. La cabeza nos dice que no vamos a ningún lado con este pitcheo, pero el corazón se agarra con fuerza al In Bloom We Trust. Y quién sabe, quizás este tuit sea premonitorio…

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