Miedo y asco en Cooperstown

Un año más conocemos la lista de candidatos para entrar en el Salón de la Fama del béisbol de Cooperstown. Y un año más nos enfrentamos al culebrón de Clemens, Bonds, Sosa, Manny y Schilling.

El Salón de la Fama del béisbol de Cooperstown

El Salón de la Fama del béisbol de Cooperstown es una institución privada. Eso hace que sus gestores sean muy libres de seguir las reglas que deseen y dirigir su chiringuito según les venga en gana. Están en su derecho. Es su cortijo y ellos deciden quien es digno de entrar y quien no.

Lo que resulta fascinante es la autoridad moral que todos los fanáticos parecemos haberles otorgado. Es como si la calidad, el legado o el status de un pelotero cambiara si estos señores deciden colgar una placa (bastante fea, por cierto) en las paredes de su muy respetable institución.

Hay, a grandes rasgos, dos maneras de entrar en el Salón de la Fama. Por una lado está el Comité de Veteranos, que es la que a mi modo de ver que tiene más sentido. Un grupo de señores se reúnen, imagino que en las dependencias de la institución en cuestión, y sentados en butacones de cuero y envueltos en el humo de sus cigarros disciernen si Fulano o Mengano son dignos de tal honor. Hasta aquí todo en orden. Un poco demodé tirando a casposo pero lo dicho, están en su derecho. Tienen sus criterios y los cumplen. Al que no le gusten que cree otra institución y establezca sus bases.

El otro método de elección, que es con el que estamos más familiarizados, es el que hace que todo lo relacionado con el Salón de la Fama del béisbol de Cooperstown se vuelva un poco raro. Resulta que la Asociación de Escritores de Béisbol de América se encarga de votar según su criterio personal (y según sus filias y fobias y según su grado de atención) si un señor es merecedor o no de entrar en Cooperstown.

El problema es que el criterio de esta asociación cambia (¡Y MUCHO!) de un año a otro. Por ejemplo, en 2018 solo el 34.1% de los votantes consideraban que Larry Walker fuera digno de entrar en el Salón en el Fama. Dos años después la cifra se había doblado (76.57%) y Walker conseguía el ansiado reconocimiento.

También se puede hablar de extrañas fobias y manías que dicen poco de la profesionalidad de algunos votantes y que le quitan credibilidad al gran honor que se supone que es la exaltación. Solo de esta manera se puede entender que peloteros de la talla de Randy JohnsonKen Griffey Jr. recibieran votos en contra. Bueno, quizás se debiera a un despiste. Y es que no sería descabellado pensar que de vez en cuando alguno de los votantes no se toma tan en serio aquello que aseguran que es el mayor de los honores posibles en el mundo del béisbol.

Hace bien poco vimos como en las votaciones para determinar el MVP de la Liga Nacional, que son realizadas por los miembros de está misma ilustre asociación,  hubo un tipo que cometió un pequeño error. Le dio un voto a Ryan Tepera cuando en realidad quería votar por Trea Turner.

El pasado 16 de noviembre se hizo pública la lista con los peloteros que aspiran a entrar en Cooperstown. Y un año más encontramos en ella varios nombres sobre los que se va hablar mucho hasta que se conozcan los resultados. Curt Schilling, Roger Clemens, Barry Bonds, Sammy Sosa y Manny Ramírez son jugadores que por estadísticas deberían estar en el Salón de la Fama. Asumo que si se les incluye en la lista es porque aquellos que elaboran la lista los consideran dignos. Sin embargo, una gran mayoría de los votantes, es decir, la Asociación de Escritores de Béisbol de América, está empeñada en que no entren.

El motivo es de sobra conocido. Clemens, Bonds, Sosa y Manny consumieron esteroides durante su carrera y mancharon el deporte. El caso de Schilling es distinto. No se le ha votado por ser un bocazas y un impresentable.

El problema con el que nos encontramos cada año es que no sabemos exactamente que es el Salón de la Fama. Sí, es un lugar para honrar a aquellos que han dejado su marca en el béisbol, pero ¿se deben considerar también otras cosas? Ese es el debate con el que somos bombardeados cada invierno. Hay quienes sostienen que la estadística es lo único que dede guiar la votación y hay quien argumenta que también hay aspectos de la personalidad y la trayectoria vital del pelotero que deben ser valorados.

La tendencia, sobretodo a raíz de los escándalos relacionados con el dopaje, viene siendo la segunda. Se ha venido a decir que para ser exaltado no basta con ser sobresaliente en el campo, en el banquillo o en los despachos, sino que además hay que ser un ejemplo para la sociedad. No hay lugar en Cooperstown para aquellos que cometieron trampas.

Hace cuatro años vimos como Mark McGwire quedaba totalmente descartado después de no llegar siquiera al 25% de votos a favor en ninguno de los 10 años en que estuvo en la lista. La sensación es que Clemens, Bonds, Sosa y Manny van a seguir la misma suerte. Es cierto que Clemens y Bonds, que podrían ser considerados el mejor lanzador y bateador en la historia de las Mayores respectivamente, podrían tener alguna opción. Año tras año, los votantes se han ido mostrado un poco más favorables a su elección. Aunque llevan ya un tiempo estancados entorno al 60% y parece complicado que en las dos oportunidades que les quedan se acerquen al 75% necesario.

El caso de Schilling, como hemos dicho, es distinto. El ex lanzador no ha entrado en el Salón de la Fama por sus controvertidas (por no decir estúpidas) opiniones. Hay que recordar que entre las joyas que han salido de su boca o sus redes sociales hay de todo: disparatadas teorías de la conspiración sobre las masacres que se han producido en distintos institutos de Estados Unidos, transfobia, islamofobia, antisemitismo, xenofobia, racismo, incitación a la violencia y disparatadas magufadas (y esto es cierto) sobre una red se satanistas pedófilos que estarían conspirando contra Trump.

curt Schilling transexual

Esta son las lindezas que se pueden encontrar en el Facebook de Schilling

La sensación es que Schilling tiene opciones de acabar entrando en el Salón de la Fama. La tendencia en las votaciones ha ido creciendo año tras año y en 2019 llegó al 70% y se quedó en las puertas.

Durante años he defendido, no con demasiado entusiasmo pues no creo que Cooperstown sea el alfa y el omega del béisbol, la entrada del propio Schilling y de aquellos que se doparon en el Salón de la Fama. «Hay que valorarles como peloteros», argumentaba. «No es el Nobel de la Paz. El béisbol es lo único que cuenta».

Sostenía (y sigo sosteniendo) que Clemens, Bonds, Sosa, Manny y otros muchos que recurrieron a los esteroides fueron, en cierta manera, esclavos de su tiempo. Durante aquellos años las sustancias dopantes estaban presentes en todos los clubhouses de la liga. La legislación al respecto era vaga y la concienciación nula. Bonds uso esteroides por el mismo motivo por que Ty Cobb era un racista, porque esos comportamientos eran la norma en el tiempo que les toco vivir. Cobb no era más racista que la sociedad en la que vivió, de la misma manera que Bonds no fue más tramposo que los peloteros que convivieron con él.

Sorprenden los miramientos de algunos de los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de América a la hora de no votar por Clemens, Bonds, Sosa y Manny. Se aferran ciegamente a eso de que son unos tramposos y tal. Sin embargo, este mismo año, en las votaciones del premio Cy Young de la Liga Nacional no han tenido tantos escrúpulos. Es un secreto a voces que Trevor Bauer, ganador del mismo, ha utilizado una sustancia pegajosa que mejora el agarre de la pelota y que se traduce en más spin rate y en más control. El propio Bauer ha recurrido a esto después de años denunciando el abuso por parte de otros lanzadores. Y el propio Bauer ha dicho que bajo su punto de vista la utilización de esas sustancias otorgan una ventaja mayor que el uso de esteroides. ¡Y aún así le han votado!

Ya he dicho que durante años defendí la entrada de Schilling en el Salón de la Fama. Mi parecer ha cambiado radicalmente. Y sí, se debe a razones políticas. Una cosa es ser conservador, y otra muy distinta moverse en el criptofascismo en que se mueve Schilling. Mariano Rivera ha manifestado su apoyo incondicional a Trump en varias ocasiones y el año pasado fue exaltado al Salón de Fama con el 100% de los votos a favor. Nada que objetar a eso. Pero de ahí a las posturas de Schilling hay un trecho enorme.

Comprendo, aunque no comparto, los motivos que llevan a cierta gente a no votar por Clemens, Bonds, Sosa y Manny. Pero argumentar que aquellos que se doparon no deben estar en el Salón de la Fama por no ser un ejemplo a seguir para la sociedad para a continuación votar por Schilling me deja absolutamente patidifuso. Aunque ya sabemos que cualquier cosa puede pasar en Cooperstown, al fin y al cabo necesitaron 30 años para admitir a Marvin Miller…

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