Los Medias Rojas ya miran al 2021

Todo lo que podía salir mal salió peor. Bueno, casi todo... Después de un 2020 para olvidar hay esperanza para los Medias Rojas en 2021.

Los Medias Rojas ya miran al 2021

Sí, 2020 ha sido una temporada decepcionante y frustrante para los fanáticos de los Medias Rojas. Ha habido pocos, por no decir ninguno, alicientes para ver los juegos del equipo. Tengo que reconocer que yo mismo no veía tan pocos partidos de Boston desde 2015, última ocasión en que el equipo ocupó el sótano de la división.

No obstante, y es probable que volver a repetir esto sea redundante, sabíamos que 2020 iba a ser un año de transición. Hubo cambios en la dirección gerencial y deportiva, hubo salidas importantes y hubo lesiones. De cara a la presente campaña Boston había perdido al gerente general que se hizo con David Price, J.D. Martinez y Chris Sale, al dirigente que llegó a las 108 victorias en 2018, al MVP de esa misma campaña y a sus tres abridores más importantes (Price salió traspasado mientras que Sale y Eduardo Rodríguez se han pasado la temporada en la lista de lesionados).

A todo este panorama, de por sí bastante poco alentador, hay que añadirle una directiva clara mandada desde la propiedad: hay que recortar salarios para no volver a incurrir en el impuesto de balance competitivo (impuesto de lujo). Los Medias Rojas llevaban dos años penalizados por dicho impuesto. John Henry, principal propietario de la franquicia, dejó claro el pasado septiembre que no tenía intención de volver a pagar: «La temporada que viene (en referencia al 2020) debemos estar por debajo del límite que obliga a pagar el impuesto de balance competitivo.»

Es decir, la confección de roster de los Medias Rojas de cara al 2020 estuvo marcada por las salidas para aliviar la carga salarial, las lesiones y la imposibilidad de firmar a peloteros contrastados. El batacazo que está siendo 2020 era, en cierta manera, esperable. El problema, lo que ha llevado a un equipo con pocas expectativas hasta el ridículo, ha sido un pitcheo todavía peor de lo esperado, una falta brutal de tensión competitiva y un J.D. Martinez errático.


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Lo mejor del 2020 del Boston es que está a punto de terminar y es imposible que el 2021 sea peor.

Lo más ilusionante de una temporada para olvidar ha sido Alex Verdugo. Es muy agradable ver como una de las piezas que llegó en el traspaso de Betts se asienta como uno de los peloteros más productivos del equipo. Defiende más que correctamente, sabe correr las bases, tiene lo necesario para moverse en el rango de los 25 cuadrangulares y el .285 de promedio y trasmite mucho en el campo. Betts era un Rolls Royce, Verdugo es un Lamborghini. Nunca va a ser tan bueno como la nueva estrella de los Dodgers, pero va a hacer el ruido suficiente como para ayudarnos a olvidar.

Xander Bogaerts y Rafael Devers han vuelto a cumplir en una temporada en la que todo ha estado en contra. Son las dos piezas sobre las que se tiene que asentar el equipo en los próximos 4/5 años. Extender sus contratos debe ser uno de los objetivos principales de Chaim Bloom durante la off season. Tienen lo necesario para coleccionar apariciones en el Juego de las Estrellas. Bogaerts es un pelotero muy regular y su juego está más que asentado. Devers, por contra, aún está desarrollándose. Le cuesta mucho empezar las temporadas y su defensa combina lanzamientos increíbles con lapsus imperdonables. No obstante, aún es muy joven y se hablan maravillas de su ética de trabajo. Cada temporada hemos visto mejoras en su juego.

Si Verdugo, Bogaerts y Devers son los llamados a ser las estrellas del equipo, Christian Vázquez y Jackie Bradley Jr. deben ser el pegamento. Los números de Vazquez, en frío, no dicen mucho. Pero si los ponemos en contexto con el resto de los receptores de la liga se vuelven mucho más valiosos. Vazquez es un bateador promedio (su wRC+ se mueve en torno a 100 en los dos últimos años) en una posición que por norma general resta en la ofensiva. Desde 2018 solo ha habido dos receptores que en términos de WAR hayan sido claramente superiores al boricua (Yasmani Grandal y J.T. Realmuto).

Bradley es un jugador de extremos. Un bateador con muchas carencias y tremendamente irregular que marca la diferencia en defensa y en el vestuario. Sale a la agencia libre este invierno y gestionar su continuidad no va a ser sencillo. Es cierto que su juego no le convierte en un pelotero especialmente atractivo, pero Boston, que necesita firmar lanzadores y extender a Bogaerts y Devers, no dispone de demasiado margen de maniobra. El invierno pasado, Jake Marisnick, un jugador similar a Bradley, firmó un contrato de un año y unos $3 millones con los Mets. La sensación es que el jardinero central de los Medias Rojas aspira a algo más, pero el mercado no está demasiado receptivo.

Lo más inesperado y preocupante de esta campaña han sido los bajones experimentados por Andrew Benintendi y J.D. Martinez. Los llamados a ser primer y segundo bate del equipo han estado horribles. Ambos casos resultan preocupantes por motivos muy distintos. Martinez es un contrato que a Bloom le encantaría sacarse de encima. Un bateador designado que cobrará $20 millones en cada una de las próximas dos temporadas. Es un pegador muy científico al que las privaciones (no acceso a la sala de video) y peculiaridades (tema de las pelotas) de esta temporada tan rara parecen estar afectando especialmente. Su launch angle, que generalmente se ha considerado el secreto de su éxito, es tan bueno como en años anteriores, pero una bajada de unas tres millas en su exit velocity si que hace que haya cierta preocupación.

Parecía que Benintendi lo tenía todo para ser el siguiente gran jardinero izquierdo que floreciera a la sombra del Monstruo Verde. Una estirpe de nombres ilustres (Ted Williams, Carl Yastrzemski, Jim Rice, Manny Ramirez …) que a lo largo de la historia ha producido más WAR que cualquier otra posición de cualquier otro equipo de las Mayores. Pero algo se empezó a romper en 2019 y se ha terminado de romper en 2020. Un poder del que siempre se dudo ha desaparecido por completo, el promedio de bateo tampoco está y su correr por las bases es una sombra de lo que fue. Solo un buen ojo y la capacidad de embasarse han salvado a Benintendi de ser un auténtico desastre. La sensación es que necesita rehacer su swing por completo. Trabajar sin presión y volver a ser el bate que era: uno selectivo, que perseguía poco fuera de la zona de strike y que trabaja las cuentas.

En las últimas semanas los fanáticos de los Medias Rojas hemos visto ciertos brotes verdes. Bobby Dalbec ha necesitado solo 47 apariciones en el cajón para conectar seis cuadrangulares (!!). También hemos visto como se ponchaba en el 46.8% de la ocasiones… Ese es el tipo de pelotero que es. Un slugger moderno que lo tiene todo para pegar con poder pero que va a acumular muchoooos strike outs. Parece que será el titular en la primera almohadilla en 2021, lo que no deja de ser una lástima porque los scouts aseguran que el brazo es la mejor de sus herramientas. Es probable que también se le vea en el jardín izquierdo de vez en cuando (o con cierta frecuencia si Benintendi es traspasado) y podría aparecer en la esquina caliente cuando Devers necesite descanso. Dalbec no va a ser una estrella de la liga, pero podría ser un utility con poder, una especie de Mark Reynolds.

Desde su llegada a Boston Bloom ha practicado la pesca de arrastre: Jonathan Lucroy, Kevin Plawecki, Jonathan Arauz, Jose Peraza, Kevin Pillar, Christian Arroyo, Yairo Muñoz… Jugadores menores con contratos muy asequibles y que podrían acabar teniendo un rol más o menos relevante. Plawecki está cumpliendo en el papel de receptor suplente y lo normal es que el año que viene siga en el equipo. Muñoz es el otro que podría aportar cosas desde el banquillo. Es un tipo muy versátil con el guante y con un bate más que correcto. Está bajo control durante los próximos cuatro años y lo único que preocupa es su disciplina.

Entre 2016 y 2019 la de Boston fue una de las mejores ofensivas de las Mayores. La línea de bateo del equipo fue de .269/.339/.447 con una wOBA de .335 y un wRC+ de 105 . Los números que el equipo está registrando este año son muy similares: .264/.327/.449 con una woBA de .333 y un  wRC+ de 105. La ofensiva es lo suficientemente buena como para competir contra cualquiera, sobretodo si Martínez y Benintendi son capaces de rendir a un nivel más cercano a lo esperado.

Arreglar el pitcheo va a ser bastante más complicado. En ese aspecto la pesca de arrastre de Bloom no ha funcionado. Zack Godley ha sido un desastre y lo normal es que Nick Pivetta también lo sea. Hoy hace su primera apertura en las Mayores Tanner Houck. Ojalá sea una pieza que sirva para empezar a perfilar lo que será el cuerpo de lanzadores del año que viene. Pero eso es otra historia que se merece un capítulo aparte…

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