La reinvención de Clayton Kershaw

El paso del futuro Hall of Famer por Driveline le ha devuelto a la élite del béisbol. Clayton Kershaw disfruta de una segunda juventud.

Clayton Kershaw

Pongámonos en la piel de Clayton Kershaw. Durante la pasada offseason, el pitcher estelar de Los Ángeles Dodgers decidió dar un paso importante en su carrera a la hora de intentar recuperar parte del ‘mojo’ que ha perdido con el inexorable paso del Padre Tiempo y que tras una serie de frustrantes campañas en las que los problemas físicos centrados en su espalda le han impedido aproximarse al impresionante nivel de auto-exigencia que ha caracterizado a este lanzador nacido en, como dice la canción,  lo más profundo del corazón de Texas.

Esta necesidad de ir un paso más allá para reforzar tanto las opciones de su franquicia de la que es uno de los rostros más reconocibles en su historia como a título personal cuando batallas con el lógico declive asociado a un acto para el que el cuerpo humano no está diseñado, esto es, lanzar con enorme intensidad y estrés para realizar esos envíos con efectos que desafían incluso la Ley de la Gravedad.


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Sin embargo, conociendo a Clayton Kershaw y lo tremendamente intenso y profesional que ha demostrado a lo largo de su trayectoria en las Mayores, el conocimiento de su paso por Driveline a la hora de recuperar la velocidad perdida en su recta no le gustó absolutamente. Más concretamente ni un pelo.

Y probablemente se debe a su naturaleza puesto que a Clayton le disgusta sobremanera que se sepa que ha recurrido a ayuda externa más allá de su extenuante preparación física que siempre ha situado su ética de trabajo al frente de su posición y que ha tenido un impacto directo a la hora de considerarlo como uno de los mejores pitchers de su generación, amén del poseedor de la mejor marca en efectividad (ERA) desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que son palabras mayores cuando durante todo ese período de tiempo nos hemos encontrado con portentos como Tom Seaver, Greg Maddux, Roger Clemens, Bob Gibson o un Sandy Koufax con el que siempre se han buscado paralelismos por el hecho de ser zurdos y jugar con los Dodgers.

Desafortunadamente, todo tiene un principio y un final y puesto que Clayton Kershaw (o eso creemos) se encuentra ya más cerca del desenlace que de su inicio como un imberbe rookie allá por 2008, todo el desgaste acumulado en una carrera plagada de galardones que le ha llevado a sumar más de las 3000 entradas con el consiguiente deterioro que le ha obligado a este particular reciclaje.

Como decía el inmortal Indiana Jones en En busca del Arca Perdida, “No son los años, cariño. Es el rodaje”.

Evolución del repertorio de Clayton Kershaw a lo largo de los años.

Evolución del repertorio de Clayton Kershaw a lo largo de los años. Fuente: Baseball Savant.

Como se puede ver en la imagen anterior, la utilización de su arsenal ha ido variando con el paso de los años, con un descenso bastante acusado (un 70%) en su recta de cuatro costuras en sus inicios en la MLB a la situación actual en la que no llega apenas al 40% mientras que ha dado una mayor importancia a sus breaking balls entre las que podemos incluir tanto el slider como esa curva que no deja de ser una obra de arte y pesadilla para los adversarios.

No obstante, lo más llamativo es que Kershaw ha recuperado parte de su explosividad en la bola rápida y llega a promediar 91.8 millas por hora, con momentos puntuales en los que le hemos visto a 93, situación que hacía muchos años que no ocurría porque recuperar parte de la velocidad perdida no suele entrar en la ecuación a no ser que te llames Justin Verlander o el impresionante caso de Jacob deGrom. Por este motivo, hay una mayor separación entre sus distintos tipos de lanzamiento y eso es clave para obtener resultados mejores desde la lomita.

De esta manera, las impresiones a corto plazo a las que podemos echar mano en este 2020 tan particular no pueden ser más esperanzadoras para este texano al que se le ve mucho más entero y al que probablemente el hecho de ser una campaña a únicamente 60 partidos en temporada regular le venga muy bien para no tener que regular tantos esfuerzos a lo largo de los meses.

Es evidente que el Clayton Kershaw que conocimos en su momento no va a volver. El ganador de tres Cy Youngs en un período de cuatro años (misterio en toda regla que el cuarto se lo dieran a R.A. Dickey en lugar de a él), MVP y ganador de la Triple Corona desde el montículo es un recuerdo del pasado, pero esto no tiene porque ser un obstáculo para que siga siendo un pitcher mucho más efectivo siempre que las lesiones no se ceben en él y conserve la pasión por pasárselo bien jugando al béisbol porque la competitividad figura en su ADN.

Al contrario de lo que ocurriera con el Titán Atlas que tenía que sostener sobre sus hombros el peso del cielo, Clayton Kershaw ya no tiene porque ser EL HOMBRE  cuando llegan los playoffs como ocurría en el pasado y cuyos problemas en postemporada han hecho correr ríos de tinta, incluso con la torpeza de aventurar que su condición como futuro Hall of Famer a las primeras de cambio y sin descartar la unanimidad tendría que estar en entredicho.

Por fortuna, este sensacional equipo que son Los Ángeles Dodgers ha conseguido armar un conjunto envidiable cuya guinda para el pastel es la adquisición y ampliación de contrato para Mookie Betts, que unido a excelentes activos en todas las facetas del juego les convierten en una franquicia temible que aspira a hacer algo que sólo cuatro clubes han logrado en el pasado, que es liderar las Mayores en carreras anotadas y en ERA como fueron los Chicago White Sox de 1917, los New York Yankees de 1927, los St. Louis Cardinals de 1944 y Seattle Mariners en 2001.

En los tres primeros ejemplos, el balance fue el de final feliz tras proclamarse vencedores de las World Series mientras que estos Dodgers de 2020 querrán evitar la ignominia de ver unido su nombre al de los de la Ciudad Esmeralda tras cosechar una campaña de ensueño que se queda frustrantemente corta.

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