La MLB y el MLBPA deben limar sus diferencias para 2021

Las noticias que llegan en relación con la próxima campaña en las Mayores es una especie de déjà vu de lo ya vivido.

La MLB y el MLBPA deben limar sus diferencias para 2021

No habían finalizado las World Series de este accidentado 2020 en lo que a la MLB se refiere y desconociendo todavía que Justin Turner se convertiría en el primer positivo por COVID-19 en más de 50 días durante el milagroso desarrollo de una temporada que se ha jugado sin burbuja y en plena pandemia con unos niveles de contagio desaforados en Estados Unidos cuando el comisionado Rob Manfred aprovechó la ocasión (viniera a cuenta o no) de subrayar que los equipos habían perdido más de $3000 millones durante el año, esto es, a 100 millones por barba para redondear.

Aunque es materialmente imposible comprobar que esa afirmación es correcta mientras el secretismo que rodea a los libros (de cuentas) de todas las franquicias del béisbol salvo que pertenezcan a una empresa pública como es el caso de los Atlanta Braves y el conglomerado Liberty, lo cierto es que las bases para una nueva temporada ya se empezaban a poner para un 2021 pleno de incertidumbre y en el que los equipos ya empezaban a entonar el “Ay, pobre de mí” ante una situación llena de complejidad.

Por supuesto, los primeros globos sonda sobre la “dificultad” de poder jugar los 162 partidos que están contemplados por el CBA que se jueguen el año que viene ante la perspectiva de una vacunación masiva por parte de todos los participantes de la liga en virtud de unos lógicos criterios de salud ha despertado el resquemor del MLBPA ante la perspectiva de una reducción del número de partidos (y de los salarios, respectivamente) cuando no se puede hacer salvo que se declare el estado de emergencia nos devuelve a la casilla de salida en un momento inoportuno cuando apenas faltan un par de meses para que pitchers y catchers sean convocados para el inicio de los entrenamientos primaverales.

Tal como diría el experto en seis millones de formas de comunicación, allá vamos otra vez…

La enquistada relación entre ambas partes no ha esperado mucho tiempo para volvernos a situar en un escenario pleno de rifirrafes que no conducen a nada salvo para ver quién consigue imponer su relato y ganar en el terreno de las relaciones públicas, pero sin ahondar en el lenguaje belicista, el ejemplo de las batallas y las guerras es muy acertado cuando el objetivo es claro como la reformulación del CBA de cara al 2022.



Lógicamente se entiende que todo bando tiene sus propios intereses y cada uno arrima el ascua a su sardina como es lógico y normal, pero centrarse en poner obstáculos para la próxima temporada que será complicada por una vacunación que puede ser accesible para todo el mundo y la repercusión que tendrá sobre la presencia de público (y en qué porcentaje) en las gradas sería ser muy corto de miras cuando hay que generar un clima de entendimiento y complicidad para que este negocio siga adelante en virtud de unos parámetros razonables para todos los interesados.

Por suerte, en este ambiente de enorme desconfianza entre ambas partes y que produce una profunda decepción para el aficionado medio, el fabuloso anuncio por parte de la Major League Baseball de considerar que los logros acumulados en las Negro Leagues, que funcionaron en plena época de segregación racial entre 1920 y 1948, formarán parte desde este mismo instante como parte intrínseca de la propia competición y acaba con una injusticia de muchas décadas para todos aquellos jugadores que tuvieron que lidiar con tanto desprecio, odio e indiferencia palmaria por parte de no pocos que formaron parte de la propia competición y es un faro de esperanza para los tiempos mejores que están por llegar en un escenario no muy lejano.

De esta manera, leyendas como Josh Gibson, Oscar Charleston, Cool Papa Bell y en torno a 3400 jugadores pertenecientes a esa época tenebrosa podrán tener el reconocimiento de jugadores de Grandes Ligas aunque ello llegue demasiado tarde por desgracia.

”No hay lugar para la discriminación en el béisbol. Es nuestro pasatiempo nacional y un juego para todos”, como decía el inmortal Lou Gehrig.

Lo cierto es que noticias como esa invitan al optimismo y reconcilian en este maravilloso deporte, más si cabe en los tiempos inciertos que nos aguardan para el futuro y que, poniendo un poco cada uno de su parte, seguro que se llegará a buen puerto.

Más vale.

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