Impresiones sobre las Series Mundiales 2020

Los Ángeles Dodgers se han proclamado los campeones de las Series Mundiales 2020, pero su victoria sobre los Rays no ha estado exenta de suspense.

Impresiones sobre las Series Mundiales 2020

La temporada 2020 en la Major League Baseball toca a su fin y lo cierto es que se ha llegado a confirmar nuevamente ese mantra que no siempre ocurre en las Mayores que apunta a que el mejor equipo tiene que terminar imponiendo su dominio en unos playoffs que han sido el particular via crucis para muchas franquicias, pero que no iba a suponer el fin del camino para unos Los Ángeles Dodgers que se perfilaban como el mejor club de la competición regular y que han logrado acabar con 32 años de sinsabores, penas y decepciones casi a partes iguales.

No obstante, tenían enfrente a un durísimo rival como son los Tampa Bay Rays que no dejan de ser sino el origen del presidente de operaciones beisbolísticas, un Andrew Friedman cuyo sello se notó y sigue haciéndolo en la franquicia de St. Petersburg aunque dejase su puesto para marcharse a La La Land donde podría imponer sus prácticas y conseguir ese objeto de deseo como es el trofeo del comisionado.

Y es que en esta Friedman Bowl como acertadamente se aventuró antes de esta edición número 116 del Clásico del Otoño, ambos clubes iban a vivir (y a morir) en base a la práctica de estas ideas innovadoras de cara a obtener una ventaja sobre un rival que te permita obtener el triunfo, pero que jamás debe descuidar el componente imprevisible y anárquico de este deporte y que puede convertir al más insospechado en héroe por un día.

Más allá de ese volumen de información que tienen a mano ambas franquicias, el hecho de juntar a talentos diferenciales como un justo MVP de las World Series en Corey Seager, el dinamismo de Mookie Betts o la paciencia y disciplina de Justin Turner o Max Muncy, esta colección de fabulosos jugadores a los que hay que sumar a Clayton Kershaw, Walker Buehler o Julio Urías, los Dodgers siempre han poseído una enorme ventaja que no siempre se es capaz de plasmar sobre unos Rays que se encomendaban a Arozarena y a un Establo que tendría que dar continuidad a unos starters como Glasnow, Snell y Morton en aras de una filosofía que les había llevado hasta aquí, pero que a la postre les ha terminado condenando.


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Porque si bien esta final nos ha deparado tres encuentros con una diferencia de carreras no superior a las dos, incluido un sexto partido que estuvo lleno de tensión y de drama a raudales, la mejor antítesis de ese pensamiento analítico tan enraizado en ambas organizaciones fue esa locura de cuarto partido que se saltaba a la torera cualquier guión previo en un toma y daca continuo que nos deparaba uno de los héroes de octubre más improbables de todos los tiempos en Brett Phillips, cuya mayor contribución era corredor emergente y defensor especialista a tiempo parcial antes de desequilibrar la balanza a favor de los Rays y garantizarnos un sexto partido al menos.

Pero antes de ello llegaría la reválida tanto de Clayton Kershaw como de Dave Roberts en el quinto, con una gestión impecable del zurdo por parte de su mánager en las World Series al contrario de lo que había ocurrido en otras ocasiones, sin ir más lejos en las Series de Campeonato contra Atlanta Braves, donde la fidelidad a una leyenda como el texano le colocaba en una posición muy desventajosa demasiado a menudo y ante la que factores externos como el bullpen o un ataque inoperante podrían contribuir a una narrativa profundamente engañosa sobre que “a Kershaw se le atragantaban los playoffs” cuando eso no nos cuenta toda la verdad ni hace mención a una irregularidad que ha estado ahí… hasta que ha dejado de estar presente.

Con todo ello, nos situamos en un sexto partido y más concretamente en una sexta entrada a la que Blake Snell ha sacado su Cy Young interior del 2018 en el momento de más necesidad mientras desarbola al mejor lineup de la campaña con su (por una vez) preciso arsenal, abrumándoles vía strikeout y siendo un enigma para los bateadores de los Dodgers… hasta que Austin Barnes logra un single justo antes de que el zurdo tuviera que medirse por tercera vez a Mookie y compañía, precipitando la salida de Kevin Cash.

Es obvio que los acontecimientos no terminaron ajustándose a lo que se tenía en mente puesto que Nick Anderson demostraba el por qué ha llegado «fundido» a este tramo final del año y concedía a los Dodgers el resquicio (y el alivio) de no ver a Snell para comenzar la remontada.

Sería justo cargar las tintas contra Kevin Cash y ese pensamiento analítico cuando Snell se disponía a afrontar un escenario que no se producía desde julio del 2019 al completar seis entradas, más si cabe cuando el ojo te decía que no estaba agotado tras 73 lanzamientos y no es que estuviéramos hablando del momento Grady Little-Pedro Martínez en 2003 cuando era EVIDENTE que tenía que cambiarle ya.

Pero es que ese modus operandi es lo que ha caracterizado a los Rays y lo que les ha llevado hasta este punto, un sexto encuentro de las Series Mundiales contra los todopoderosos Dodgers, donde la ‘Arozarena-dependencia’ terminaba por pasarles factura y que su incapacidad para producir con corredores en posición de anotar se convertiría en su gran hándicap para seguir avanzando.

Podemos (y seguramente lo haremos) durante la offseason sobre si Cash hizo bien en sustituir a Snell cuando lo hizo o no o si debió recurrir a otro pitcher que no se llamara Nick Anderson, aspecto que me parece clave, pero nadie está exento de equivocarse lo cual es lógico y especialmente cuando tus decisiones estratégicas no salen correctamente.

Ya sabéis, si todo sale bien eres un genio y si salen mal pues eres un… Creo que pilláis la idea, ¿verdad?

Por último, y respecto a los actos de Justin Turner tras saberse su positivo por coronavirus durante el transcurso del encuentro y posterior celebración del título… A ver, uno entiende la importancia del momento y más en una offseason incierta para Turner y el resto de agentes libres, pero un mínimo de sentido común hubiera sido de agradecer por alguien presuntamente maduro a puertas de sus 36 años en lugar de ir dando abrazos a todo el mundo y posar sin mascarilla junto al trofeo y un mánager que ha sido superviviente al cáncer como es Dave Roberts.

Imposible de justificar y digno de este 2020 tan atípico como nos ha tocado vivir.

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