Freddie Freeman se merece nuestro reconocimiento… y quizás el MVP

Pese a la irrupción de Tatís Jr. y al resto de talentos en la Liga Nacional, la campaña de Freddie Freeman no debe pasar desapercibida.

Freddie Freeman se merece nuestro reconocimiento… y quizás el MVP

El béisbol es uno de esos escasos deportes colectivos en los que la parte individual puede llegar a pasar criminalmente desapercibida en el conjunto. Todo lo contrario de lo que ocurre en otras disciplinas deportivas que tenemos muy cerca y que lo explotan infinitamente mejor. Aunque esta pieza no tiene como objetivo buscar las causas de ese desaprovechamiento de ciertas figuras que sufre la MLB, porque tampoco es el caso, tenemos ejemplos y ejemplos de jugadores que es todo un misterio como pasan por debajo del radar ante nuestra incredulidad.

Es aquí donde entra en juego la figura de Freddie Freeman, el primera base de unos Atlanta Braves que buscan ganar su tercer título divisional de forma consecutiva.  Una estrella, perdón, una megaestrella, que hasta hace bien poco  no es que no figurase en la conversación sobre quiénes son los mejores del béisbol, sino que estaba en un segundo plano. Esto, no obstante, no sucedía en la jerarquía de la franquicia, porque el status de Freeman está fuera de toda duda, pero sí en la percepción del aficionado más casual que no deja de asombrarse por lo que hace el, por otra parte, supremamente talentoso Ronald Acuña Jr.


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Probablemente la mayor virtud que ha tenido Freddie desde que hizo su debut en 2010 y se asentó de forma permanente con el equipo en 2011 es una consistencia a prueba de bombas. Se podría recordar que en aquel 2011 finalizó segundo en la votación al novato del año, premio que ganó su compañero de equipo Craig Kimbrel. Como vemos, lo de permanecer en un relativo segundo plano ha sido una tónica habitual para él…

Esa regularidad es la que le ha permitido convertirse en una referencia para un club que compitió en playoffs en sus primeros años en las Mayores. Luego vino un profundo proceso de reconstrucción del que Freeman fue el único bastión al que aferrarse. Dicho proceso ha llevado a los Braves a conformar un grupo muy sólido que se nutre principalmente de activos de la propia organización.

Y entre una temporada exitosa y otra de reconstrucción Freeman se las ha apañado para llegar a la nada despreciable cantidad de 1500 hits cuando acaba de celebrar su 31º cumpleaños el pasado 12 de septiembre.

Sin embargo, algo parece haber cambiado en Freddie Freeman, o quizás sea la evolución lógica de un bateador que debía de estar en la conversación sobre quién era el mejor en su puesto a tener que ser considerado como el modelo a seguir cuando entran en juego todos los factores clásicos de un jugador de béisbol más el liderazgo, que de eso tampoco anda escaso.

Si nos vamos al año pasado, la campaña de Freeman fue excepcional. Le hizo merecedor del Silver Slugger para coronar su cuarta presencia en el All-Star. Acabó la campaña con 38 home runs, 121 carreras impulsadas y  otro título divisional bajo el brazo.

No obstante, la versión de Freddie en el último mes del 2019, y eso incluyen los playoffs, fue una sombra por unas molestias constantes que le afectaron sobremanera. Sufrió un alarmante apagón a la hora de conectar con la autoridad que le había caracterizado en los meses previos y eso contribuyó a que el equipo abandonase prematuramente lo que tenía visos de haberse convertido en un largo recorrido en el mes de octubre. Poco tiempo después, conocimos que se había sometido a una intervención en su codo para corregir esos problemas y que el cirujano quedó sorprendido por cómo había podido seguir jugando en aquel estado.

Volvió plenamente recuperado de su cirugía y listo para este 2020 tan extraño. Freeman ha sido capaz de elevar aún más su nivel de juego hasta cotas nunca vistas hasta la fecha. El inicialista no puede ni debe pasar desapercibido en la lucha por un MVP que va a estar muy apretada. La pelea va a ser brutal: Fernando Tatís Jr., Mookie Betts, Juan Soto o el más que sorprendente Mike Yastrzemski.

Como se ve en la imagen anterior, Freeman es primero, o muy cerca de ese puesto de privilegio, tanto en las estadísticas clásicas como en las avanzadas. Su brillantez en 2020 no va a pasar sin pena ni gloria, sino más bien todo lo contrario. Con una capacidad suprema para conectar con regularidad y pegando línea tras línea con una sencillez pasmosa.

Además, parece haber encontrado su hogar como segundo bate en un ataque tremendamente explosivo como el de los Braves, justo entre Acuña Jr. y Marcell Ozuna. Una ofensiva diseñada para martirizar a unos rivales que no van a tener un respiro, y menos ahora que ha vuelto un Ozzie Albies que bateando en la última posición opera casi como un segundo leadoff hitter junto a su gran amigo Ronald.

En una campaña que amenaza con registrar la peor marca de media de bateo desde 1972, ganar el Premio Tony Gwynn, galardón que reconoce al que posee una mejor marca y para el que se encuentra en el ojo del huracán entre los bateadores cualificados, podría suponer el espaldarazo definitivo de cara a ser considerado como el jugador más valioso.

Habrá quien piense que Freddie Freeman no es ni siquiera el MVP de su propio equipo. Max Fried ha sostenido a los Braves tras la lesión de Mike Soroka y el atroz rendimiento de la mayor parte de una rotación que ha sido un quebradero de cabeza para su mánager.  Pero hay que recordar que Freddie Freeman está firmando una temporada brutal después de superar uno de los episodios más duros de su vida. Se contagió de coronavirus y temió por su propia vida ante los estragos causados por la enfermedad. Su historia de superación bien merecería ese reconocimiento.

Bueno, también se lo está ganando a pulso día tras día sobre el campo.

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